Índice de contenidos
¡Compártelo!

En nuestra búsqueda constante de felicidad -de eso hablaremos otro día-, a menudo caemos en la trampa de clasificar las emociones como ‘buenas‘ o ‘malas‘. Juzgándolas por lo que nos hacen sentir en el momento. Sabemos que todas las emociones tienen una función y por ello más que evitarlas o gestionarlas, te invito a explorarlas con curiosidad, ver qué hay detrás de cada una, qué te aporta, de qué te protege…

Así que empecemos este viaje surfeando las emociones más allá de sus etiquetas.

 

Rompiendo las etiquetas de emociones Buenas o Malas:

La sociedad nos ha enseñado a perseguir la felicidad constante, huyendo de emociones como la tristeza, la ira o el miedo porque nos resultan desagradables. Pero sabemos que en la vida pocas cosas son blancas o negras, buenas o malas, la cosa va más de colores.

Vamos a ver qué utilidad tiene cada emoción a ver si te convenzo para que veas que ni la buena de la película es tan buena ni las malas tan malas.

 

Exploremos la función de cada Emoción:

Alegría:

La alegría va más allá de la felicidad momentánea, nos impulsa a buscar lo que nos, ilumina nuestro camino, guiándonos hacia experiencias que nos llenan de satisfacción y bienestar. Es una brújula interna que nos señala hacia la plenitud. Motiva la conexión social y refuerza relaciones afectivas.

Ejemplo: Experimentar alegría al apoyar a alguien en momentos difíciles, revelando la belleza de la empatía. Pero ojo que un exceso de alegría puede hacernos menospreciar situaciones adversas, ser demasiado arriesgados, o incluso ser menos empáticos por esa visión excesivamente optimista de la vida.

 

Tristeza:

La tristeza no es debilidad, sino una herramienta de resiliencia. La tristeza nos permite procesar pérdidas, aprender de experiencias difíciles y fortalecernos emocionalmente para futuros desafíos. Facilita el procesamiento emocional y la adaptación a pérdidas. La tristeza nos da espacio para sanar.

Ejemplo: La tristeza tras una  ruptura permite aprender y crecer desde la experiencia.

Ira:

La ira, lejos de ser destructiva, nos alerta sobre la violación de nuestros límites personales. Nos motiva a abogar por nosotros mismos y a implementar cambios que mejoren nuestra situación. La ira nos empodera y nos ayuda a marcar límites. Nos alerta sobre injusticias y motiva la acción para el cambio.

Ejemplo: La ira ante discriminación impulsa a defender la equidad.

 

Miedo:

El miedo actúa como un instinto de supervivencia, alertándonos sobre posibles peligros. Nos impulsa a evaluar situaciones, tomar precauciones y desarrollar estrategias para enfrentar desafíos. El miedo es un aliado que nos mantiene alerta para hacer frente a peligros y asegurar nuestra supervivencia.

Ejemplo: El miedo al peligro insta a tomar precauciones y evitar riesgos.

 

Sorpresa:

La sorpresa nos saca de la monotonía y nos mantiene alerta ante lo nuevo. Nos invita a adaptarnos y a estar abiertos a experiencias que desafían nuestra rutina diaria. Rompe la monotonía y fomenta la adaptabilidad.

Ejemplo: La sorpresa al descubrir algo nuevo amplía perspectivas.

 

Disgusto/ Asco: Protegiendo Nuestra Esencia

El disgusto actúa como un escudo protector, evitándonos situaciones dañinas para la salud o bienestar. Nos ayuda a mantener la autenticidad y a discernir lo que nos nutre. Preserva nuestra integridad y establece límites personales.

Ejemplo: El disgusto ante comportamientos tóxicos refuerza valores y nos empuja a tomar acción.

 

Bienvenida autenticidad Emocional:

Desmitificar idea de emociones ‘buenas’ o ‘malas’ nos libera de la presión de ser siempre felices y nos permite abrazar la diversidad emocional. En este viaje hacia la plenitud, celebremos cada emoción como un aspecto único de nuestra experiencia humana.

¡Bienvenidos al camino hacia la autenticidad emocional!

Maria Lietor

Coach en Salud Integrativa y Nutrición especializada en mujeres e Instructora en Mindfulness para la Gestión del Estrés

¡No te pierdas nada!

Suscríbete a la newsletter