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En un escenario donde la cultura del éxito y la búsqueda incesante de la felicidad son la norma, es fácil caer en la trampa de pensar que deberíamos estar constantemente felices. Pero la verdad es que no siempre soy feliz y no pasa nada. La vida tiene sus propios ritmos y los días grises son parte indivisible de la experiencia humana.

 

Es importante aceptar que los días grises son inevitables, incluso cuando repetimos las actividades que sabemos que nos hacen felices. Sin esos períodos difíciles, cómo podríamos reconocer y apreciar realmente los buenos momentos? Estar mal forma parte de la experiencia humana, y entender que todos pasamos por ello nos permite abrazar nuestra humanidad compartida.

 

Según estudios, las relaciones sociales son una de las mayores fuentes de felicidad. Necesitamos a los demás para nutrirnos emocionalmente y crecer. Aunque la independencia es importante, a menudo la sobrevaloramos. ¿Cuántas veces te has sentido solo a pesar de estar rodeado de personas? Quizás sea hora de repensar cómo cuidamos nuestras relaciones y cómo nos abrimos a los demás.

 

Una técnica interesante es llevar un diario emocional, donde puntúas tu día del 0 al 10 y reflexionas si lo repetirías. Esta simple práctica puede ayudarte a identificar qué aspectos de tu vida contribuyen más a tu bienestar y qué áreas necesitan más atención.

 

Poner nuestra felicidad en gratificaciones externas es un error común. La verdadera felicidad viene de dentro, de valorar y apreciar las pequeñas cosas que nos rodean. A veces necesitamos echar de menos lo que nos hace felices para realmente valorarlo, ya sea un día soleado o una disfrutar de una conversación con un ser querido.

 

La tendencia humana a etiquetarlo todo y compararnos con los demás puede ser perjudicial para nuestra autoestima. Pasamos demasiado tiempo enfocándonos en quienes parecen estar mejor que nosotros, olvidando reconocer nuestro propio progreso y logros. Las redes sociales y las críticas constantes no hacen más que alimentar este ciclo de comparación y autocrítica. Es fundamental analizar nuestro diálogo interno y practicar la autocompasión.

 

Además, caemos en el error de postergar nuestra felicidad, condicionándola a la consecución de objetivos futuros. «Seré feliz cuando termine la carrera» o «cuando encuentre un trabajo mejor». Esta mentalidad nos mantiene en un constante estado de espera, nunca satisfechos con el presente.

 

En resumen, aceptar que no siempre seremos felices es parte crucial del viaje hacia una vida plena. Aprender a manejar los días difíciles, cultivar relaciones significativas y encontrar la felicidad en el momento presente son pasos importantes hacia una vida más satisfactoria y auténtica. Recuerda, está bien no estar bien a veces. Lo importante es seguir adelante con compasión y determinación.

Maria Lietor

Coach en Salud Integrativa y Nutrición especializada en mujeres e Instructora en Mindfulness para la Gestión del Estrés

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