Hay una pregunta que me hacen mucho.

No en consulta, sino en conversaciones normales. En una cena, en un pasillo, cuando alguien sabe a qué me dedico y le entra la curiosidad.

«Pero… ¿cómo funciona eso de trabajar con el cuerpo para la ansiedad? ¿No es todo mental?»

Y entiendo la pregunta. Durante años nos han dicho que la ansiedad es un problema de pensamientos. Que es cosa tuya, que si aprendes a gestionarlos, si respiras bien, si cambias el chip… se va.

Pero tú ya sabes que no es tan sencillo. Si lo fuera, no estarías leyendo esto.

El problema con cómo entendemos la ansiedad

La mayoría de los enfoques para trabajar la ansiedad tienen algo en común: van de arriba hacia abajo.

Empiezan por la mente. Por los pensamientos, las creencias, los patrones cognitivos. Y desde ahí intentan llegar al cuerpo.

El problema es que cuando estás en plena respuesta de ansiedad, tu corteza prefrontal — la parte del cerebro que razona, que planifica, que te dice «tranquila, no pasa nada» — está prácticamente offline. Y es tan efectiva como ese comentario «Relájate mujer» por bienintencionado que sea.

Tu cuerpo ha tomado el control. Y tu cuerpo no entiende de argumentos. No está para mandangas.

Ahí es donde entra la teoría polivagal.

Qué es la teoría polivagal

La teoría polivagal fue desarrollada por el neurocientífico Stephen Porges en los años noventa. Pero quien la ha traducido al lenguaje clínico real, quien la ha convertido en algo que se puede trabajar en consulta, es Deb Dana — con quien me formé y cuyo trabajo es la base de buena parte de mi práctica.

La idea central es esta: tu sistema nervioso autónomo no tiene dos estados, sino tres. Y cada uno de ellos determina cómo te sientes, cómo te relacionas, cómo piensas y cómo vives.

Estado ventral vagal Es el estado de seguridad. Cuando estás aquí, puedes conectar con los demás, pensar con claridad, sentir curiosidad, descansar de verdad. No es euforia ni positividad forzada — es simplemente estar bien. Presente. En tu vida.

Estado simpático Es el estado de movilización. El cuerpo se prepara para luchar o huir. El corazón acelera, los músculos se tensan, la mente se dispersa. Útil si hay un peligro real. Agotador si vives instalada en él sin que haya ningún tigre.

Estado dorsal vagal Es el estado de congelación. El sistema nervioso ha llegado a un punto de colapso y se desconecta. Aquí aparece el entumecimiento, la sensación de no estar del todo presente, el vacío, el agotamiento profundo que no se va con dormir.

Por qué esto cambia todo

Cuando entiendes estos tres estados, todo cobra sentido. Lo hizo para mí, ni terapia cognitivo conductual, ni terapia breve, ni medicación, ni mindfulness, lograron lo que consiguió entender y traer la teoría polivagal a mi vida.

Ese momento en que estás en una reunión y de repente no puedes pensar con claridad… no es que seas torpe. Es que tu sistema nervioso está en simpático.

Esa sensación de estar presente físicamente pero ausente de verdad, de funcionar en piloto automático sin sentir nada… no es depresión ni falta de voluntad. Es dorsal vagal.

Y la mandíbula apretada, el insomnio de las tres de la mañana, el cansancio que no se va aunque hayas dormido ocho horas… tampoco es estrés normal. Es un sistema nervioso que lleva demasiado tiempo en alerta y ya no sabe cómo salir de ahí.

Esto importa porque cambia dónde hay que trabajar.

No en los pensamientos. No en las creencias. En el sistema nervioso directamente. Desde el cuerpo hacia arriba — no al revés.

Por qué las técnicas mentales no llegan hasta aquí

No es que la terapia cognitiva no funcione. Funciona para muchas cosas.

El problema es que cuando el sistema nervioso está en simpático o en dorsal, el acceso a la corteza prefrontal es limitado. Puedes saber perfectamente que no hay ningún peligro real… y seguir sintiéndolo. Puedes repetirte que todo está bien… y que tu cuerpo no se lo crea.

No porque seas resistente al cambio ni porque no te estés esforzando lo suficiente o tengas que probar otro terapeuta nuevo.

Si no porque estás intentando resolver desde arriba algo que vive abajo.

La teoría polivagal propone exactamente lo contrario: entrar por el cuerpo. Por la respiración, por el tono muscular, por el movimiento, por la voz, por el contacto. Señales directas al sistema nervioso autónomo que no tienen que pasar por el filtro mental.

Y eso — eso sí llega.

Lo que esto significa en la práctica

Trabajar desde la teoría polivagal no es hacer ejercicios de respiración ni aprender a relajarte.

Es aprender a leer tu propio sistema nervioso. Reconocer en qué estado estás y por qué. Entender qué lo activa y qué lo regula. Aprender a moverte entre estados. Y poco a poco, enseñarle a volver al ventral vagal — al estado de seguridad — sin necesitar las un retiro espiritual para hacerlo.

No es un proceso de una sesión ni de dos. Es un reaprendizaje. Pero es un reaprendizaje que el cuerpo sabe hacer, porque lo hizo antes. Solo necesita las condiciones.

Eso es exactamente lo que trabajamos juntas.

Una última cosa

Si mientras leías esto has pensado «esto describe exactamente cómo me siento»

No es casualidad.

Ya ves que no es que algo esté mal en ti. Es que tu sistema nervioso aprendió a protegerte de una manera que ya no necesitas. Y eso tiene solución.

Si quieres saber en qué estado está tu sistema nervioso ahora mismo y qué está pasando exactamente, tengo una Auditoría de Claridad donde lo vemos juntas. Sin compromiso, sin protocolo, sin que te cuente lo que ya sabes.

Solo claridad real sobre lo que está pasando y qué hacer con ello.

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P.D. Me formé con Deb Dana — autora de «La teoría polivagal en terapia: Cómo unirse al ritmo de la regulación» y referente mundial en aplicación clínica de la teoría polivagal. Si tienes curiosidad por su trabajo, te recomiendo empezar por ese libro. Cambia la manera de mirarte y de ver a los demás.