Fui health coach durante años.

Tenía el título, los clientes, los programas de hábitos. Sabía exactamente qué decirle a alguien que quería comer mejor, moverse más, dormir bien o reducir el estrés.

Y funcionaba. Más o menos.

El problema era ese «más o menos».

Porque había un patrón que se repetía. Clientas que hacían todo bien — los hábitos, la rutina, el diario de gratitud — y aun así había algo que se les escapaba. Presentes pero ausentes. Funcionales pero con ese run run por dentro, esa mandíbula apretada y esos hombros hasta las orejas. Cada vez más frustradas porque hacían lo que tenían que hacer pero en el fondo todo seguía igual, a veces con mayor exigencia y tensión en esa búsqueda que no daba fruto.

Durante un tiempo pensé que era un problema de constancia. Luego pensé que era un problema de mentalidad.

Hasta que entendí que era un problema de nivel, de profundidad.

Estábamos trabajando en la superficie de algo que vivía mucho más abajo.

Qué es un health coach y qué hace

Un health coach — o coach de salud — es un profesional que acompaña a personas en el proceso de mejorar su bienestar general. Trabaja con hábitos: alimentación, movimiento, sueño, gestión del estrés, rutinas.

La formación más reconocida a nivel internacional es la del Institute for Integrative Nutrition de Nueva York, donde yo me certifiqué. El enfoque es holístico — no solo lo que comes, sino cómo vives.

Es un trabajo valioso. Hay personas a las que les ofrece exactamente lo que necesitan.

Pero no era suficiente para muchas de las mujeres que llegaban a mí.

El momento en que todo cambió

Las mujeres que llegaban a mi consulta realmente no necesitaban aprender a comer mejor ni a gestionar su agenda.

Necesitaban entender por qué, a pesar de hacerlo todo bien, seguían en alerta. Por qué el cansancio no se iba con descanso. Por qué se despertaban a las 3 de la mañana en alerta. Por qué a veces llegaban a casa y saltaban a la mínima.

Y eso no se soluciona con hábitos.

Se soluciona cuando entiendes que el problema no está en la cabeza ni en la agenda. Está en el sistema nervioso autónomo — ese sistema que regula sin pedirte permiso cómo te sientes, cómo duermes, cómo te relacionas, cómo vives.

Ahí fue cuando me formé con Deb Dana, referencia mundial en la aplicación clínica de la teoría polivagal. Y todo cobró sentido.

La diferencia entre gestionar síntomas y regular el sistema nervioso

Un health coach trabaja con comportamientos. Lo que haces, lo que comes, cómo te mueves.

El trabajo con el sistema nervioso va a otro nivel. Trabaja más profundo, con el estado desde el que haces todo eso.

Porque puedes tener los mejores hábitos del mundo y seguir funcionando desde un sistema nervioso que lleva años en modo supervivencia. Y desde ahí, solo puedes gestionar, a veces mejor, a veces peor.

Lo que yo hago ahora es diferente.

No te doy herramientas para aguantar mejor. Te ayudo a restaurar la capacidad de tu sistema nervioso para regularse solo — para volver al estado de seguridad sin necesitar las vacaciones de agosto para sentirlo.

Es trabajo desde el cuerpo hacia arriba. No desde la mente hacia abajo. Como siempre digo, lo que ha creado la mente no lo puede solucionar la mente.

Para quién es este trabajo

Si llevas tiempo sintiéndote presente pero ausente… si el cansancio no se va aunque descanses… si has probado terapia, mindfulness, hábitos y algo sigue sin encajar…

Puede que no sea un problema de lo que haces.

Puede que sea un problema de desde dónde lo haces.

Y eso es exactamente lo que exploramos juntas en la Auditoría de Claridad — una sesión donde miro contigo qué está pasando en tu sistema nervioso, por qué y qué hacer con ello.

Sin protocolos. Sin que te cuente lo que ya sabes.

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P.D. Si tienes curiosidad por la teoría polivagal y cómo cambia la manera de entender la ansiedad, te lo cuento todo en este artículo. Es el mejor punto de partida.

 Qué es la teoría polivagal y por qué cambia todo lo que sabes sobre la ansiedad